Mi mundo. – José Oropeza

Una isla. Si pudieses visitarla te encontrarás saliendo de unas tranquilas aguas turquesa, pisando una playa de fina y blanca arena, caminando te encontrarás con un jardín (primaveral) con rosas y hermosas flores adornando el suelo. Por allí, entre el hermoso césped posiblemente te encontrarías con Afrodita, una chica de hermosos cabellos rojos y completamente desnuda que cuida mis pasiones. Pasado el jardín, en el centro de la isla ante ti se levantará un Partenón blanco como la espuma y duro como el mármol, sentirás miedo de lo imponente que es.

Si logras tener la valentía para avanzar hacia las escalinatas y entrar al Partenón te llevarás una gran sorpresa. Ante ti un lugar que parece el mismo cosmos con luces tenues simulando estrellas y galaxias, en el centro de la ya tan inmensa estructura (que al parecer se volvió más grande al entrar) un árbol con hojas multicolores. Por allí, resguardando mis recuerdos y aprendizajes estará una dama de negra cabellera y vestida con una túnica blanca, la hermosa Atenea.

Ese fue el mundo de ensueño que me cree, ese fue el mundo de maravillas que me permitió ser Alicia, corriendo tras un conejo sin tiempo que me hacía vivir mi tiempo. 

Desde muy niño sentí que era distinto, lo decían entre murmullos porque me veían jugar,  estar solo con “juegos distintos  a una recreación”  una diversión que no era para varones. Recuerdo esos momentos, me gustaba todo y eso era el problema (imagino) ya que me decían que no era normal; como, los niños, pues en mi caso  me agradaban las muñecas, besar  la pared, me colocaba el vestido de novia y empezaba a girar, siempre me decían los niños juegan pelota, los niños, los niños, los niños… 

Hubiese preferido no ser niño, me habría encantado ser solo yo. 

Mi mundo inició cuando empecé a notar esas diferencias que los otros veían, que los demás me hacían ver y sentir como anomalidades oscuras, negras, sin sentido. Encontré refugio jugando conmigo, pasando más tiempo solo, no me disgustaba (porque en ciertos momentos me gustaba estar solo) pero los demás me arrastraron a estar más solo. No diré que no jugaba con mis primos y hermanos, pero cuando empezábamos a elegir nuestros alteregos, yo siempre quería ser la chica (allí las dos protectoras) claro está que eso me hacía raro y empecé a estar más solo. 

En  la niñez,  casi adolescencia,  me encontré con un buen amigo, un niño que me hacía reír un montón (pero decidió partir antes de tiempo). Lo que más me llevó a estar en mi mundo fue el día que Yolimar me llamó marico frente a todo el salón de clases, estaba en sexto grado y yo solo me fui a llorar a mi asiento (quizás Elisaul me hubiese acompañado). Ningún adulto supo nada de eso, igual nadie podía ayudarme, porque me estaba quedando solo, solo en mi mundo.

El día que decidí estar más solo ¡En mi mundo! Mi madre me golpeó y dijo -Yo no tuve un maricón- fue una buena paliza la que me dieron, perdí ese día el concepto de madre y el de Dios, para mí esas palabras carecieron de sentido. 

Mi adolescencia fue estar MMS+ (Mi Mundo Solo Plus) entre música y libros, entre horas de internet y pornografía gay, solo estaba en mi mundo. Aunque mi entorno siempre se convirtió en una pesadilla, pues, si hablaba me decían; eres marico, si caminaba me decían; eres marico, para todo simplemente ¡Marico!

Pero no me puedo quejar, ya que conocí grandes amigos en el liceo, Maluz, Margela y Carlos (con los que todavía tengo comunicación) quienes entendieron mi mundo, El cual en su momento se tambaleó, deseaba que se cayera a pedazos que se deshiciera como azúcar en agua, pues me di cuenta que debía hablar con los otros, esos otros que estaban a mi alrededor, que convertirían en mis compañeros y un gran amigo (otro José) en la universidad.

La Universidad fue genial ¡Aprendizajes sin Parar! No obstante, me volví depresivo porque no entendía la ignorancia del mundo ante tantos sapientes en la historia humana. Poco a poco perdía la esperanza en los otros (aunque convivía con ellos) que me parecían cada vez más banales al leer más de los hombres filósofos. Pero la universidad me propició una gran crisis, esa que promovió salir de mi mundo, un golpe a la realidad.

Una tarde mientras me daba cuenta que no había trabajado en mi proyecto educativo (en parte por la crisis económica venezolana que me hundió en desesperación) entré en una crisis existencial, me percaté que aplazaría mi proyecto, que no sería el estudiante estrella Summa Cumlaude de mi promoción, me percaté entonces que perdí lo que me hacía ser porque me enseñé que “si eres homosexual, al menos se un buen estudiante y triunfa en la vida”, pero solo era un homosexual. 

Después de la crisis comencé a ser, ser según lo que sentía, ser lo que pensaba, ser lo que creía. Me sentí capaz de salir de un cascarón, unos meses interesantes y llenos de nuevos aprendizaje “conocimiento marica” ¡Pero callo pandemia! Durante este período nuevamente a mi mundo, pero un mundo diferente, con los panas, con nuevos retos y mucho trabajo. De nuevo salí de mi mundo durante la pandemia fue ¡País Narrado! 

Claro que sí, País Narrado me permitió ser yo en otro entorno, el que realmente quería experimentar como homosexual, nada de ligar, sextear, o simplemente coger, era yo siendo gay entre otros gays más humanos. Historias y narrativas que me dieron más esperanza en los otros, en qué en el mundo soy raro, pero un raro con sentido de ser y capaz de contar una historia, aunque sea la de mi mundo ahora construyendo puentes interdimensionales con otros mundos. 

Por: José Gregorio Oropeza. 

 

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *